Páginas

Enero

Enero

sábado, 6 de junio de 2015

La liebre y la tortuga .fabula.





Cierto día, en una calle de campo, una tortuga caminaba paso a paso hacia su refugio. 


Había tenido una comilona de hojas de lechuga y, para hacer la digestión cómodamente, avanzaba con mayor lentitud que la habitual. 


Una liebre, que estaba tomando fresco mientras curioseaba lo que ocurría a su alrededor, la vio y largó la carcajada: "¡Ja, ja ja!".


"Está bien que debas cargar con la casa a cuestas, pero esto no es motivo para que camines tan despacio.



 ¡Hoy sí que podré contarles algo gracioso a mis hijitos! Y como estoy de buen humor y quiero divertirme, te propongo correr una carrera hasta el árbol que está en lo alto de la colina".


"Quien va despacio llega más lejos", contestó sabiamente la tortuga, retomando su lento andar. Y con bastante disgusto por la insolencia de la liebre mal educada, se propuso darle una lección y aceptó la propuesta.


La libre se lanzó a correr como una flecha, levantando una polvareda tras de sí y, al llegar al gallinero donde vivían algunos de sus amigos, trepó al cerco para echar una mirada hacia atrás, pero no vio ni la sombra de la tortuga.


Ya sin tanta prisa, reanudó su camino, deteniéndose a cada paso para saborear algunas hierbas. 


Al atravesar un campo de girasoles, encontró una hermosa zanahoria y se detuvo para comérsela.


 ¿Y la tortuga? ¡Bah! Quizá estuviera todavía en el lugar de partida, arrepintiéndose de haber osado aceptar el desafío de un corredor de sus condiciones.

 ¡O quizá estuviera dormida!.


Entonces pensó que, después de un paseo tan agradable y de una comida tan exquisita, no le vendría mal una pequeña siesta.


 Se recostó sobre el pasto, entre unas flores, y se durmió. 

Al poco rato, pasó por allí la tortuga, la miró sin detenerse y continuó su camino con el mismo paso lento y regular, segura de que muy pronto llegaría a la meta.


Una vez que la tortuga llegó a lo alto de la colina, se sentó junto al árbol en el que debía concluir la carrera, para tomarse un merecido reposo.


 La liebre llegó poco después, cansada y avergonzada por la sorpresiva derrota. "Esta experiencia te servirá de lección", le dijo buenamente la tortuga, "y te enseñará que, el futuro, deberás ser menos presuntuosa".