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Enero

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jueves, 27 de abril de 2017

El cocodrilo gigante.


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Descansando en una piedra
un cocodrilo dormía,
siempre se encontraba solo
pues su tamaño temían.


Eran tan grandes sus dientes
tan enormes sus encías,
que nadie se le acercaba
temiendo perder la vida.


El cocodrilo era bueno
y le causaba dolor,
que los demás animales
le tuvieran tal terror.









Un perezoso lo mira
desde un árbol, en lo alto,
acomodado en el tronco,
un rato lleva observando.
Abre sus ojos despacio,
mira y lo vuelve a mirar,
ve al enorme cocodrilo
su mandíbula cerrar.


De repente al cocodrilo
le empieza a doler un diente,
se está poniendo nervioso
y se remueve impaciente.


El perezoso lo observa,
siente su enorme dolor,
más su cordura conserva
y tiene mucho temor.



El cocodrilo se mueve,
se retuerce con furor,
y con la fuerza que tiene
causa en la tierra un temblor.


El perezoso asustado
lo mira con compasión,
de un lado a otro se mueve
con gran desesperación.



Un elefante se acerca
alarmado por los ruidos,
extendidas las orejas
al perezoso lo ha oído.
El cocodrilo de panza




con el dolor no se entera,
que desde fuera lo miran
y ven que se desespera.

El perezoso muy lento
ha empezado a descender,
con su trompa el elefante
lo ha bajado donde él.

Poco a poco se le acercan,
y estando a su lado ya,
el reptil abre su boca
y el diente le ven sangrar.

Con su trompa el elefante
engancha muy bien el diente,
tirando con mucha fuerza
el perezoso, lo siente.


El alivio, ahora ha sido,
el alivio, ahora siente,
lo ha notado el cocodrilo
casi inmediatamente.

Los tres están muy contentos
después de lo sucedido,
sobre todo el cocodrilo
que los mira agradecido.

Les cuenta toda su vida,
cuánto era su dolor,
de nuevo les da las gracias
por superar su temor.

Juntos a tomar el sol
al cocodrilo acompañan,
dándose cuenta que a veces,
las apariencias engañan.

jueves, 16 de marzo de 2017

Cuento Tradicional:El León que se creia cordero.




Existió en otro tiempo un pobre león que creía ser un cordero. Por más pruebas que su físico le daba, no atenía a razones, ni podía creer que fuese un león. 

miércoles, 8 de marzo de 2017

La princesa y el guisante



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Había una vez un príncipe que quería casarse con una princesa, pero con una verdadera princesa de sangre real. Viajó por todo el mundo buscando una, pero era muy difícil encontrarla, mucho más difícil de lo que había supuesto.
Las princesas abundaban, pero no era sencillo averiguar si eran de sangre real. Siempre acababa descubriendo en ellas algo que le demostraba que en realidad no lo eran, y el príncipe volvió a su país muy triste por no haber encontrado una verdadera princesa real.
Una noche, estando en su castillo, se desencadenó una terrible tormenta: llovía muchísimo, los relámpagos iluminaban el cielo y los truenos sonaban muy fuerte. De pronto, se oyó que alguien llamaba a la puerta:
-¡ Toc, toc!
La familia no entendía quién podía estar a la intemperie en semejante noche de tormenta y fueron a abrir la puerta.
-¿ Quién es? - preguntó el padre del príncipe.
- Soy la princesa del reino de Safi - contestó una voz débil y cansada. - Me he perdido en la oscuridad y no sé regresar a donde estaba.
Le abrieron la puerta y se encontraron con una hermosa joven:
- Pero ¡Dios mío! ¡Qué aspecto tienes!
La lluvia chorreaba por sus ropas y cabellos. El agua salía de sus zapatos como si de una fuente se tratase. Tenía frío y tiritaba.
En el castillo le dieron ropa seca y la invitaron a cenar. Poco a poco entró en calor al lado de la chimenea.
La reina quería averiguar si la joven era una princesa de verdad.
"Ya sé lo que haré - pensó -. Colocaré un guisante debajo de los muchos edredones y colchones que hay en la cama para ver si lo nota. Si no se da cuenta no será una verdadera princesa. Así podremos demostrar su sensibilidad".
Al llegar la noche, la reina colocó un guisante bajo los colchones y después se fue a dormir.
A la mañana siguiente, el príncipe preguntó:
-¿Qué tal has dormido, joven princesa?
- ¡Oh! Terriblemente mal - contestó -. No he dormido en toda la noche. No comprendo qué tenía la cama; Dios sabe lo que sería. Tengo el cuerpo lleno de cardenales. ¡Ha sido horrible!
- Entonces, ¡eres una verdadera princesa! Porque a pesar de los muchos colchones y edredones, has sentido la molestia del guisante. ¡Sólo una verdadera princesa podía ser tan sensible!
El príncipe se casó con ella porque estaba seguro de que era una verdadera princesa. Después de tanto tiempo, al final encontró lo que quería.
Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.